Decisiones

Ciertamente cuando escuchamos la palabra “Decisión” de la boca de alguien más, bien sabemos que las cosas no están bien. Y cuando la leemos, es como si oliéramos el miedo en los dedos de alguien más. Todos sabemos lo que significa decidir “algo”. Cuando esa palabra retumba en las paredes de nuestro amplio cerebro, el mismo se vuelve tan pequeño como el motor de un carro, que si bien se enfría o se calienta demasiado, deja de funcionar. En ese momento todo se reduce a una opción. Un SI o un NO. Aquí ya no existe el tal vez o el puede ser. Pero, lo que si se apodera de nuestra pequeña cabecita son las millones de dudas. La cuales son aquellas que “Pueden proyectarse en los campos de la decisión, y la acción, o afectar únicamente a la creencia, a la fe, o a la validez de un conocimiento”, o al menos eso es lo que dice Descartes.

Ahora yo pienso, analizo y discuto algo. No es que sea muy vieja, la verdad soy bastante joven en los ojos de aquellos que me llevan unos añitos, y lo suficientemente vieja para aquellos que por debajo me ven como un ejemplo a seguir. En realidad me gustaría saber hasta cuándo me va a tocar tomar decisiones “importantes” que aunque sabiendo que la respuesta es ‘siempre’, no puedo sacar la bendita pregunta de la cabeza.

Cuando estaba en el colegio de verdad me costaba decidir que cuadernos comprar; Si bien aquellos que tuviesen el muñeco de moda en la carátula, los que mi mamá consideraba eran los mejores y más económicos a su bolsillo, o los que todas las niñas de mi salón iban a tener. Era difícil, aunque no lo crean, por lo que siempre terminaba decidiendo comprar un papel transparente y un par de revistas. Pues complacía a mi madre que quería comprarme los más baratos, y entonces los podía decorar a mi gusto. Así NADIE podía tener los mismos cuadernos que yo. Me consideraba exitosa por ello.

Cuando terminé el colegio, y soñaba con que todas mi decisiones giraran en torno al diseño de mis cuadernos y la manera en que peinaría mi cabello en las mañanas, llegó un día en que tuve que decidir que carrera estudiar. ¿Se imaginan eso? “La carrera de mi vida”! Era lo que debía estudiar, lo que realmente me gustara y diera dinero.! Díganme algo… ¿Eso existe? (Suspiro) O al menos díganselo a una niña de 15 años que a esa edad seguía jugando con muñecas y no sabía lo que era un beso. Esos días fueron para enloquecerme, no dormir, no comer, y de molestarme cada vez que a alguien se le ocurría preguntarme “Entonces, ¿qué piensas hacer?”, y morderme la lengua para no responder de mala gana “Si supiera, ya lo estaría haciendo, ¿no?” pero bueno, “a los mayores y amigos no se les debe faltar el respeto”, lo que me permitió desahogarme con todos aquellos que no pertenecían a esos grupos; sin embargo, eso no ayudó. El día de la solicitud llegó, y tuve que llenarla.

Pasaron 5 años, los cuales fueron los mejores. Fueron esos que siempre escuche de mis familiares “Esos son los mejores años de tu vida, siempre vas a querer volverlos a vivir” y Dios! a veces no imaginan cuanto daría por que eso se hiciera realidad y escaparme algún día de clases e irme a la playa mas lejana, tomarme unas cervezas a las 9am y que no pasara nada, pelear con mi mejor amiga por no estar de acuerdo con una idea en clase, y al salir de la misma reírnos de lo que hacía media hora pasó, llegar a casa llorando porque aplacé una materia y mamá me abrazara diciéndome que aunque fui yo quien no estudió, eso no significa nada. Siempre se puede repetir. “Nunca dejarás de ser tan despistada”, “Deja de enfocarte en sólo lo que te gusta”. “Deja de escribir pendejadas en los cuadernos y enfócate en lo que los profesores te piden”. Por eso no tienes apuntes de los cuales estudiar.

Lo que mi mamá no sabía era que debido a esas “pendejadas”, un día me tocaría tomar mas decisiones.

Realmente pensé que todo era tan sencillo como que, terminabas el colegio, te graduabas de la universidad, y buscabas trabajo, lo conseguías, trabajabas, pasaba un rato, conocías a alguien “especial”, pasábamos un rato de novios, un día se me proponía, yo decía que Si, fácilmente nos casábamos, al tiempo teníamos hijos, luego yo tenía 45 años, con una casa bonita, 2 hijos, un esposo con panza, y ya; así pasaba el tiempo. AJAAAAAAAAA!!!! NOOOOO!!!!

Eso es (para MI hoy día) el pensamiento mas mediocre del mundo. Para mi. Bien hoy día respeto a todos los que ese sea su sueño de vida. Pero, ya no es el mío. Pues, tomé la decisión de cambiar mi decisión. Por qué? si ciertamente es algo muy sencillo de lograr y de tener éxito. Precisamente por esa palabra de la oración. Esa que le causa orzuelos a mis ojos, y cera a mis oídos. La palabra “Sencillo”, la palabra sinónima de FÁCIL. Que a su vez deriva de la palabra “Aburrimiento”, de la palabra “Simple”, de la palabra “Montón”. Palabras que no entran en mi definición de persona, de mujer, de profesional, de VIDA.

Decisiones de vida… Idiomas, lugares, personas, sueños, realidades. YO.

¿Estudiar? Estudiar es aburrido ¿sabías? ¡Aprender es divertido! es escuchar, es practicar, es realizar, es materializar, es sentir, es contarle a alguien más. Yo no estudio, yo aprendo. Tal vez por eso mi mamá me decía que era la culpable de mis fallos. Pero cada quien tiene “filosofías de vida”. Yo pregunto, y pregunto más. Yo observo, y vuelvo a observar. Yo descubro por mi misma.

Hoy estoy hablando mucha paja, lo se. Pero realmente esto es lo que tengo en mente, y aunque tengo bien claro quien soy y que quiero en mi vida, en este momento estoy como cuando los cuadernos. Buscando el valor dentro de mi para escoger las revistas de la decoración de mi nueva portada. A sabiendas de cual es mi respuesta, y habiendo tocado ese piso pulido anteriormente. Habiendo visto por esas ventanas de cristal, y habiendo sonreído antes con estos mismos labios.